DIAGNÓSTICO
Dice textualmente: Es evidente que sus facultades mentales están alteradas. O debería decir que son dificultades mentales, minusvalía de discernimiento al ser contrastadas las evaluaciones con las de los estándares que se nos han enseñado como normales. Por ejemplo, al ser preguntado el paciente (debemos admitir que la “paciencia” es un aspecto a favor de su conducta), al ser consultado – les decía- acerca de sus preferencias políticas, sin pensarlo ni un solo instante, respondió: “me inclino hacia los espacios que, más allá de los discursos, practican la democracia interna y privilegian el consenso en la búsqueda de propuestas que puedan concretarse en proyectos en caso de que alguna vez se llegue al poder”. La respuesta como se verá denota una ausencia patológica de la realidad o, algo aún más grave de considerar, un delirio histórico impregnado en su memoria, activa sin duda alguna en campos de confusión mentales agudas si se evalúa su trayecto clínico de los últimos 30 ó 35 años. Su estado neuronal es lamentable, si se nos permite un término que trasgrede los códigos convencionales de la medicina. Al realizarse los últimos estudios que presentamos a los integrantes de este consejo, el enfermo llegó a afirmar que tiene “sueños permanentes” –aún cuando duerme, agregamos- referidos a “un país donde todos son felices y se alimentan bien: donde todos los niños juegan en plazas colmadas de diversiones y estudian en escuelas limpias, luminosas, con agua que se puede beber y aulas calentitas en invierno”. Tremenda sorpresa se llevó este cuerpo colegiado, cuando detrás de semejantes disparates –pedimos una vez más perdón por la palabra, pero no hay una mejor que lo contenga- el paciente aseguró que en sus sueños observa “familias enteras y unidas, porque la sociedad comenzó a conocer los beneficios del trabajo y del tiempo libre como medios para lograr esa felicidad que es fruto de la dignidad y de su propio esfuerzo”.
Comprenderán sus eminencias que a este bicho no se lo puede dar de alta así porque sí. Soltarlo a las calles sería un exabrupto de nuestras competencias. Es peligroso para la sociedad en la que se lo pretende reinsertar. Al menos esta es nuestra conclusión como profesionales de la ciencia, hasta que se encuentre una cura o hasta que se acostumbre.











