Hoy. En algún lugar de la selva misionera...

El pindó es la sede natural de los nidos del boyero cacique, un ave muy vistosa de la selva misionera. “Japu-í”, o pequeño mentiroso, le llaman los también naturales mbya guaraní que observan interesados la batalla que se ha desatado en las alturas de la sagrada palmera que sostiene los cielos y la tierra. Es que un voraz predador se debate en cruentos picotazos con las alborotadas madres y padres pájaro, buscando devorarse los huevos, o los pequeños mentirositos que habitan los hogares colgantes.
La estrategia bélica del boyero protegiendo a sus pichones es asombrosa. Es una pelea por la vida. Y mientras decenas de valientes azuzan al enorme tukâ guasú provocándolo de frente con rápidos vuelos y sonoros trinos acampanados, otros muchos atacan, más veloces aún, por la retaguardia, lastimando la cola del devorador sin darle tiempo a voltear su pesado cuerpo.
No le será sencillo al emblemático tucán, inocentón en apariencia, alcanzar a sus pequeñas víctimas, huevos o pichones bien acobachados en el fondo de los nidos.
Sin embargo, será una vez más la naturaleza la que dirima la contienda.
Texto y foto: bicho do mato (2008)
Hay diferentes maneras de morir, o de ser asesinados. Una de esas formas es quitar a los originarios lo suyo, matar a la selva y a sus animalitos. Contaminarlo todo. Llamando a la tuberculosis "un mal respiratorio". Matan Incluso corrompiendo a los propios hermanos para que les ayuden a despojar a su pueblo de lo poco que le queda. Asesinan cuando demoran las decisiones políticas, prolongando la injusticia y la indiferencia. Y otros incontables mecanismos de la perversidad sin límite que se ejerce sobre los pueblos nativos (bdm)
Asi como se batalla en las alturas...ocurre lo mismo en el paìs de abajo...ante el avance del cemento y la crueldad del hombre...como el caso verìdico del Oso Hormiguero que cuento bajo el tìtulo de "Cuestiòn de territorio"
Alaridos de perros sacuedieron la madrugada, eran avisos de alerta para que los dueños despertaran...armados con palos y machete atravesaron el cauce de la noche cuando la luna nueva miraba el momento preciso del hallazgo...mas allà de los pastizales los perros habìan marcado el terreno adviertiendo con ladridos que este territorio ya no me pertenecìa...mis garras en defensa propia previnieron un ataque en jaurìa...era otra noche mas de despido...cuando volvieron al patio de la casa supe de mi destino...de un paìs de cemento que me tala el bosque dejàndome sin amigos como mi pariente, el "tamanduà" despuès del primer saqueo no lo vi màs...quedè solamento Yo, el "yurumì" en los ultimos tacuruzales curioseando con mi hocico largo sin causar mucho daño a la colonia de hormigas...la depredaciòn de duele màs que la despedida de un amor porque con el verde arrasado deambulan pàjaros sin destino y queda desprotegida la flor...nosè si volverè a tener crìas porque aislado estoy...indefenso como el que trabaja en negro sabiendo que no tendrìa mucho derecho si cobrara el sueldo...me resguardo como puedo en los hormigueros que restan mientras las motosierras roban mi silencio...si me encuentran los hombres negocian mi piel...ellos confiscan la tierra y se llevan mis alimentos, todos los àrboles y queda poco pastizal para mi lecho de apareamiento...aunque sea integrante del paraiso misionero y declarado Monumento Natural Provincial mediante el decreto 1465 y la ley 2589. Soy el Oso Hormiguero...no me maten.
En aquel encontronazo con los perros quienes tenìan todo el derecho a hostigarme y defenderse comprendì mi futuro de extinsiòn y me di cuenta que la puja de esa noche era una cuestiòn de territorio...
Yiyo Bogado
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