Alma, lama y sangre
Temo haber llegado demasiado tarde, apurado y exhausto. Es que no encontraba el rumbo entre tantos caminos posibles.
Y vos, que siempre estuviste ahí. En esa secreta picada que ahora es nuestra, de vez en cuando. Qué ironía del destino. Mágicamente se envolvieron de verde mis pasos, dejando descalzas huellas deshechas en el barro chocolate de las lluvias, tan intensas. Perdí la senda, una vez. Me fui saliendo de la brecha, tantas otras. Me perdí. Estoy aún extraviado. No es necesario que me lo recuerdes. Lo sé, fatalmente lo sé. Y acepto esta condena de haberme convertido en otra alma perdida de tu selva. Habrás visto que llegué con mis palmas desnudas, abiertos los brazos, ofrendándote mis días de soles apagados, y mis noches vacías de encantos. Quise entregarme y aquí estoy, confundido y feliz al mismo tiempo, dispuesto a extinguirme poco a poco en un abrazo de higuera, mansamente atrapado. Fatalmente, lo sé. No pienso en otra forma posible de vivir y de morir.
Sí es oportuno que sepas lo que sería capaz de hacer para salvarnos del oprobio. Digo para que nadie ni nada se crea capaz de ensuciar con su codicia grosera nuestro libre amor de cielos y suelos, plantas y animales, insectos y vendavales. Somos naturaleza, Paisaje. Un solo cuerpo. Almas fundidas en crisol de lama y sangre. Somos como nuestros hermanos indios, que revestidos de invisibles esplendores, viajamos en un vaho milenario hacia horizontes prometidos, cubriéndolo todo. Como ellos, somos elegidos de Dios, incomprendidos pero inexpugnables, marginados pero dignos. Espiritualmente maravillosos.
Si logro encender con palabras esa luminosa sonrisa. Si con tiernas caricias despierto el cálido aliento que anima al “habitante azul” de tu figura. Si se estremecen los sinuosos corredores de tu cuerpo, y emergen las espesas y espumosas cascadas de tus silvestres pliegues para mojarme de gozo, sabré que me regalaste un instante de tu misteriosa permanencia. Romperé en llanto para perpetuar con mis lágrimas el flujo ancestral de las aguas. Y nadie sabrá que estoy aquí. Sólo vos, Paisaje.











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