PRIMERO FUE EL HUEVO. DESPUÉS VINO LA GALLINA
EL HUEVO ORIGINAL
Y ahora demos rienda suelta a la herejía. Hace algunos siglos, un planteo como este me hubiese llevado a la hoguera. En auxilio de los sabios que lo debaten desde antiguo, propongo dar por finalizado un histórico dilema. El Dios Bicho creó primero el huevo y luego enseguida vino la gallina.
Mi prima pajarita pasa horas dándole forma a su huevo. El óvulo recorre un largo camino en las entrañas de la pobre bichita y el diosito que vive dentro de ella lo va llenando de vida. El huevo de mi parienta es el mensaje más acabado de la inmortalidad del ser. Claro que su compañero juega un rol indispensable con su toquecito de amor, pero está en el huevo de la pajarita la máxima y perenne expresión de la vida. Todo lo que el nuevo ser necesita, el diosito lo coloca en el equipaje. El embrión del pequeño pajarito –o pajarita- llevará un almacén de aminoácidos, azúcares y otros nutrientes para sus días “internado”. El huevo es un botiquín de farmacia y un banco de datos genéticos que definen su sexo y los rasgos de su especie, como descendiente de un pájaro original y único que fue evolucionando con el paso del tiempo. ¿Y todo eso dentro de un huevo? Sí, y mucho más. Completadas las vituallas del proyecto futuro emplumado, el huevo es recubierto por una fuerte armadura cálcica que no sólo lo protege de las inclemencias del mundo sino que le servirá de hogar por varios días. Inmediatamente antes de ser puesto –porque las pajaritas “ponen” hijos, no como las mujeres que los paren- el duro cascarón es recubierto por una película de barniz natural, como la pincelada final de un artista que así culmina su obra magistral.
Y lo pone nomás, mi prima, al huevo, junto a tres más que esperan en el nido, en la rama de un coloso vegetal, ni muy alto ni muy bajo, lejos de vientos y comadrejas. Yo la miro desde el árbol vecino, dándole calor a sus apertrechados polluelos, mientras, sabiéndose padre, mi primo político la alimenta con dulces regurgitadas de sueños. No hay nada más perfecto que la naturaleza. Sublime e incorruptible, incubado entre caricias del diosito creador, tiene que haber sido primero el huevo, madre y padre de toda la bicharada.
Foto. "Boyeritos" de Emiliano Salvador











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