Justicia
Vengo a tomar posesión de esta luna.
Y de esas estrellas, que nadie reclama.
Tengo el espíritu armado hasta los dientes.
Armado de amor, impaciencia y siembra urgente.
Hubo una vez un cielo sin fronteras.
Una raza libre, peregrina.
Se desmayó el arco iris en quimeras.
Y alguien le puso cadenas a los sueños.
“¿Quién le compró la tierra a Dios?”
¿Quién trazó los límites de su Reino?
No hay blasfemia más grande, lo afirmo,
que arrebatarle al pobre su querencia.
Seguiré el camino que dicta la conciencia.
Buscaré la huella, borrada en mis vertientes.
Porque este sol misionero no me quema.
Al contrario, es el fuego que me enciende.












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