
Vengo a tomar posesión de esta luna.
Y de esas estrellas, que nadie reclama.
Tengo el espíritu armado hasta los dientes.
Armado de amor, impaciencia y siembra urgente.
Hubo una vez un cielo sin fronteras.
Una raza libre, peregrina.
Se desmayó el arco iris en quimeras.
Y alguien le puso cadenas a los sueños.
“¿Quién le compró la tierra a Dios?”
¿Quién trazó los límites de su Reino?
No hay blasfemia más grande, lo afirmo,
que arrebatarle al pobre su querencia.
Seguiré el camino que dicta la conciencia.
Buscaré la huella, borrada en mis vertientes.
Porque este sol misionero no me quema.
Al contrario, es el fuego que me enciende.
Hay diferentes maneras de morir, o de ser asesinados. Una de esas formas es quitar a los originarios lo suyo, matar a la selva y a sus animalitos. Contaminarlo todo. Llamando a la tuberculosis "un mal respiratorio". Matan Incluso corrompiendo a los propios hermanos para que les ayuden a despojar a su pueblo de lo poco que le queda. Asesinan cuando demoran las decisiones políticas, prolongando la injusticia y la indiferencia. Y otros incontables mecanismos de la perversidad sin límite que se ejerce sobre los pueblos nativos (bdm)
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