NORTE DE SAN PEDRO (MISIONES,
antes del temporal). ... Ellas comenzaron haciendo cálculos del gasto familiar para producir y, a medida que llegaron los aportes de dinero –pequeños créditos y subsidios- en cada hogar de la colonia Santa Rosa, fueron naciendo las huertas, quintas, gallineros y chiqueros para el autoconsumo. A veces una vaca lechera para mejorar la alimentación; una bomba de agua o un carro de bueyes, férreos y antiguos aliados del productor familiar.
“En la chacra no es como se cree. Se planta un maíz y se piensa en cosechar; pero por ahí no se cosecha, o da muy poquito”, dice una de las vecinas... Moneda sobre moneda –a veces poniendo 50 centavos por mes- fueron haciendo girar los recursos para tener lo que hoy pueden mostrar: un galpón para reunirse y una sala –de madera ambos- donde instalarán las máquinas que adquirieron: un trapiche, una peladora de arroz y un motor, además de

un tacho donde ya se adivina crecer el humo de la melaza de caña dulce.
“En la colonia no se compra madera de los aserraderos. Es muy caro para nosotras. Entonces –explica otra del Grupo- nos juntamos y fuimos cortando las tablas con motosierra para levantar el galpón”.
El grupo está Integrado sólo por mujeres de la Colonia Santa Rosa, ubicada a 8 kilómetros de la Ruta Provincial 17, viniendo de Irigoyen hacia el norte de San Pedro, por la picada que parte de la “Virgencita”.
“Con las mujeres funcionaba mejor; son más unidas y humildes”, aseguran. Y si dicen que funcionaba, es que funcionó... Y aún funciona. Al principio –allá por fines de los ’90- eran nueve mujeres, pero muy pronto llegaron a ser 21. Con los vaivenes naturales de las organizaciones –“algunas que se mudan, otras pocas que se van”- actualmente están entre 19.
Las “Siempre Unidas” de Santa Rosa son mujeres de la chacra, pioneras entre los grupos del PSA en Misiones. Algunas tienen hasta nueve o diez niños. Ellas son las “tres Marías”, presidenta, secretaria y tesorera de la comisión; están además Benilde, Leontina, Yorasí, Rosa, Lucía, Alicia, Ana, Teresa, Liliana, Claudia, Nélida, otra Teresa, Marta e Irma, más dos vecinas que se cambiaron un poco lejos.
“Leyes” que hay que cumplirYendo y viniendo entre las Siempre Unidas funciona un fondo rotatorio, originado en los primeros créditos recibidos del Programa Social Agropecuario. Este modelo solidario permite las compras comunitarias (pollos, media-sombra, alambre, según la necesidad). Ayuda, además, para que cada socia que ingresa obtenga un aporte económico para arrancar con el autoconsumo. “Van ganando el beneficio, que luego le van devolviendo al Grupo”, aclaran.
Del último subsidio recibido, cada integrante aportó 200 pesos para continuar las obras del galpón. En especial para la construcción del piso, que ya está encaminado, al igual que la compra de una cocina y enseres para la elaboración de conservas artesanales (dulces de durazno y ciruela son algunas de las delicias prometidas).

El mensual engorda siempre
El mensual es otra caja de las Siempre Unidas, una ingeniosa manera de recaudar dinero para los gastos menores. Algo así como un fondito interno que engorda con la participación y también crece con las ausencias sin aviso.
“Cada una aporta 50 centavos el día de la reunión”, puntualizan. Pero “pusimos la ley que si una falta a la reunión mensual tiene que pagar dos pesos”.
Se encuentran el tercer martes de cada mes. La “ley” del Grupo no castiga a la que está enferma o justificada –por supuesto- pero “la que se queda en casa, o se va a pasear”, no se salva de la multa.
Cuentan que el excedente del mensual del año pasado “sirvió para comprar pollos y dar uno para cada una”.
Las mujeres valoran también la asistencia permanente del técnico que las acompaña. El ingeniero Claudio Meyer (INTA, PSA) cuya presencia eficiente se descubre en cada acción del grupo; en su espíritu y convicción, a la par de sus avances productivos y la capacitación que van recibiendo.
VIDA EN LA COLONIA