Norte periodístico

Me gusta comparar a los trabajadores de la prensa con obreros de la construcción, o de la restauración en algunas circunstancias de nuestra historia. Calificados trabajadores y trabajadoras, poseedores de un don especial, que sin mediar genios ni hadas fantásticas, por designio social nada más, son los que juntan los pedazos de una sociedad fragmentada y confundida para armar algo parecido a una comunidad. Expertos reparadores, aunque no todos, de los daños que le ha hecho a nuestra patria la lucha desalmada por el poder y el dinero, dejando al descubierto –gracias a la tarea de la prensa- un tendal de pobres injustamente condenados a la pobreza más miserable, que es aquella en la que no germina la esperanza.
Para ser un obrero, una obrera de la verdad, se necesita ser valiente. Suele no haber otro premio en este mundo para ellos que la simpatía popular, la preferencia del público. Pero la soledad es casi siempre su más celosa y fiel compañera. No hay periodistas exitosos, sólo famosos. Es una rareza encontrar periodistas felices por ser periodistas, pero sí por ser seres humanos comprometidos que han pagado el alto precio de ser intérpretes de las verdades acalladas por los opresores.
Hay orgullo, hay modelos a seguir: Moreno, Walsh, Cabezas, Kolesnicov… muchos otros. Hay también ejemplos vivos que tenemos que comenzar a reconocer y seguir. Para orientar nuestra brújula. Para poner nuestro Norte en el rumbo más acertado.
No somos los periodistas los que hacemos las políticas. Somos quienes debemos preguntarnos si hay políticas. Pero, por encima de todo, somos los que debemos denunciar la ausencia de políticas.











Publicar un comentario en la entrada