SIGO AQUÍ
Marzo de 2003
De vez en cuando mi espacio se inunda de recuerdos, como el de aquella vez que los malos blancos pretendieron arrastrarnos a otro costado minúsculo de un plano de mensura que ni siquiera comprendías. Fue cuando los buenos vientos nos hicieron amigos y se reunieron los espíritus solidarios para abrirnos los ojos, antes del final. Era necesario entender, hacer algo, reaccionar. Y así lo hicimos, rodeados de voluntad y de una fuerza que, extrañamente, hoy te ha abandonado.
Nuestra tekoa se pintó el rostro para la paz y armó la palabra de sus líderes. Curiosamente, hiciste izar una bandera nacional, blanca y celeste, para señalar el límite de la paciencia ancestral. Esa manifestación de resistencia, delante de los niños, fue magnífica. Ya nada sería igual para tu pueblo. Caía un telón sobre su selva y me abrían una puerta verdeazulada en mi destino, para entrar por ella, definitivamente. No sé si alguna vez me alcanzarán las palabras y los actos para mostrarte lo agradecido que estoy por aquel día.
Escobas de chirca, escuela de madera y ranchos de Takuara fueron testigos de nuestro pacto de amistad. Y las miradas tiernas, confundidas, de quienes cosecharían los frutos de la lucha que ambos comenzábamos a librar para el futuro.
Septiembre de 2003
Confieso que hasta fue divertido. Pero la muerte nos borró la sonrisa y el gigante siguiño golpeando sin cansarse. Y nos quedamos cortos de fuerzas y tierras. Por ahora.
Abril de 2010
¡Pasamos tantas cosas, siempre juntos! No era necesario llegar a la traición. Si les molestaron un par de logros que tuvimos, menores por cierto, hubiese bastado con una disimulada ofensa para ocultar la envidia que los enfermaba. Pero moverse a espaldas, llevar a esos límites la mentira por ellos mismos engendrada, fue ir demasiado lejos. Tanto que ya se me han perdido de vista.
26 de agosto de 2011
Yo sigo aquí. Con la cara pintada y armada la palabra; moviendo mi rabo de felicidad e impaciencia
¿Y vos?











Publicar un comentario en la entrada